En el club de la rima fácil
Pues eso, con los veinticinco apenas inaugurados (a pesar de que en la improvisada tarta de celebración, la bandeja del turrón, por la falta de velas con el número dos, constan dos con el número uno más el maldito cinco…). Llevo seis días en Madrid y aún estoy con la cabeza volando. Raro volver a casa de vacaciones, rara la sensación de no hacer nada, de dedicarme a reencontrar gente. Pero el descoloque tiene sus cosas buenas. Me dedico a dejarme llevar, a no tener iniciativa, a que me preparen los planes, y me encanta.

Curiosamente, las Navidades cada vez significan menos para mí. No es un tópico, sino incluso una pequeña queja. Quizás, sobre todo, el hecho de haber vuelto a casa se haya cargado esta sensación. Yo me fui en agosto, con un calor impresionante y una concepción diferente de Madrid. Ahora es invierno, hace frío, han hecho Montera y Arenal peatonales, Madrid está iluminada (¿En exceso? ¡Da igual!)… Y no me encuentro. No es Navidad, celebro mi regreso, la amistad y la familia (que es bastante mejor).

Se me hace raro hasta el día de hoy, mi cumpleaños, pues estoy
un poco fuera de cualquier concepción temporal. Eso sí, no se me hace raro estar en Madrid.
Llegar fue cambiar el chip de manera radical, y no extraño Venecia (como ciudad, no me refiero a la gente). Estoy en Madrid, no puede ser de otra manera, no me incomoda (bueno, sí, cuando tuve que ir a la facultad el día después de llegar fue la gran depresión darme cuenta de que tenía que coger un tren, un metro y caminar quince minutos… Vamos, pobrecito yo… Acostumbrado a vivir en el c
entro de mi huracán, donde no se concibe una distancia más largas que supere la media hora)
Así, empezamos viaje por casa. La llegada triunfal fue acompañada por suculentos manjares caseros en forma de filetitos de pollo de mi abuela, tortilla, filetitos rusos, cocidos… que en todo superan al mejor manjar italiano. 
Al día siguiente,
amigo invisible (¡nada mejor para describirme durante los últimos cuatro meses!), reencuentros… Al día siguiente, por fin Madrid me brinda una bienvenida como es debido y prepara unos juegos de luces, música y fuegos artificiales en la Plaza de Cibeles, sobre el Palacio de Correos. Y poco después, estábamos en pleno éxtasis (nada gamberro, por cierto) en nuestro (o más bien mi) retorno al Penta.
Pero ya estamos mayores, cierran el Penta y cobijándonos del frío escapamos a donde empezó la noche: Cibeles, tomamos el búho, y a casa a dormir…
Siguen la Nochebuena y la Navidad, familia, y más familia. Bien, quiero ver a todo el mundo antes de irme. Nada contaré de las cenas, que incluso ahora se me hace la boca agua de pensar en ellas (¿qué será de mí cuando me vuelva a hartar de tanta pasta y pizza…?). La Nochebuena en casa con mis tíos, la comida de Navidad en casa de mi hermano. Yo soy el r
ey de la casa, aunque dejo que las fiestas me quiten protagonismo (al que no lo sepa, le parecerá increíble saber de mi “moderado” carisma, que siempre me pone en segundo plano en las fiestas familiares… inimaginable, ¿verdad?), hasta que empiezo las proyecciones de fotografías… En plan familiar pesado que nunca acaba…

Nada, desde aquí aprovecho para felicitarme a mí mismo el cumpleaños y a deciros que pidáis a los Reyes un viajecito a Venecia. Muchos besos y aprovechad, que los años pasan.

francesca dijo
santi torna presto a casa! qui stiamo tutti male, io ho 38.7 di febbre e sono alle porte del delirio. "Tintoretto o il sequestrato di venezia" mi tiene compagnia, ma non vedrò il mio stellino! jaime!
baci baci
2 Enero 2007 | 06:24 PM