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La Coctelera

Lo spagnolo volante

La dolce arte del non far niente...

23 Noviembre 2006

De pestes y fiestas (Segunda parte)

Las crónicas nos cuentan que en 1347 llegó desde Kaffa al puerto de Venecia una nave comercial con su cargamento, entre el que se contaba un grupo de ratas campestres o negras portador de la peste negra, que no tarda en propagarse por la ciudad. Tres quintas partes de la población mueren en los 18 meses siguientes. La ciudad se recupera pero la amenaza no desaparece. Venecia lucha con los mismos escasos medios con los que la resiste el resto de la Europa medieval: islas que se convierten en prematuros cementerios donde la gente va a morir, cuarentenas, la no siempre eficaz sanación de aguas, intentos de erradicar las ratas...

Tres siglos de peste esperan a Venecia, que combate con la muerte en casa mientras ve inevitablemente el lento derrumbe de su dominio. A finales del Quattrocento, tras la caída en 1453 de Constantinopla (desafortunada metropolis de la Venecia original, y a la que, sin embargo ni piedad, no deja de dar el toque de lenta pero inevitable muerte tras la toma de la ciudad durante la Cuarta Cruzada de 1204) en manos de Mohamed II, Venecia no para de ceder tierras ante el avance turco (Negroponte, Scurati…) Por si no bastara, tiene problemas también a las puertas. En 1509, el Papa, los reyes de Francia y España y el Emperador Germano se alían unilateralmente contra Venecia en la Liga de Cambrai, que se salva de la extinción tras la inevitable derrota de Agnadello aunque dejando por el camino prácticamente todas sus posesiones en Terraferma (de las que más tarde se reapropiará en gran parte, gracias especialmente a la diplomacia). No es suficiente castigo. Trajinada por los turcos y sobrepasada por las potencias europeas, en 1510 es asolada de nuevo por la peste. Venecia vive sus años más críticos hasta su caída.

La peste de 1510 tiene repercusiones artísticas: mata a Giorgione mientras Tiziano acapara su herencia. Será Tiziano, además, quien ejecute la pala votiva de San Marcos con San Sebastián, San Roque y los Santos Sanadores Cosme y Damián. Una pala no carente de sentido, que representa a la ciudad en su patrón, san Marcos, entronizado, mientras el resto de santos se explican por sí solos. Un santo mártir que encuentra un primer castigo en ser cosido a flechas, aunque será curado por la viuda Irene (solo para luego morir apaleado). Otro santo que dedicó su vida a sanar apestados, si bien cuando él resultó contagiado no recibió ayuda de ninguno (solo del ángel que milagrosamente le curó de su enfermedad). Y finalmente, dos santos médicos hermanos que salvaron al diácono Justiniano de su pierna gangrenada implantándole una pierna de un etíope muerto el día anterior (lástima que nadie pudiera hacer lo mismo cuando fueron decapitados). Tenemos así a cuatro santos en relación directa con la medicina y la sanación, de coherente presencia dentro de esta pala votiva para conmemorar el final de una peste, cuya amenaza sin embargo continúa planeando sobre Venecia como podría dar a entender la cara ensombrecida de San Marcos.

Y tanto que sigue planeando. La gran peste de 1576 mata a un tercio de la población veneciana. Aunque se mantiene que Tiziano fue una de sus víctimas, no parece probable, y es que un cuerpo asolado por la peste no se conserva para exequias. El cuerpo de Tiziano, sin embargo, fue inmediatamente sepultado en la basílica dei Frari, y no quemado como era costumbre hacer con los cuerpos de los apestados. Pero si la peste respetó la muerte de Tiziano, no hizo lo mismo con su hijo Orazio. Pero nos desviamos de la familia Vecellio para centrarnos en Andrea Palladio, a quien se encarga el proyecto del templo del Redentore de nuevo con intención votiva, y cuyo nombre lo dice todo: Redención y Perdón. Esta búsqueda de expiación se entiende mejor cuando leemos que la primera piedra del edificio se puso el 3 de mayo de 1577, antes de que la peste acabara, en julio del mismo año.

El estilo fuertemente clásico modular palladiano se asoma desde la Giudecca y mira a Venecia, que le da la espalda. Las proporciones perfectas de la fachada, su juego de volúmenes, prácticamente inapreciables desde la fondamenta a la que da, se deben admirar desde el otro lado del Canal de la Giudecca, desde Zattere. Precisamente desde aquí parte el puente (antaño de barcas, hoy de bisagras) que une, el tercer domingo de julio, Venecia con la Giudecca en la fiesta del Redentor, donde las barcas flotan a sus anchas mientras sus tripulantes de dedican a los placeres de la comida y del botellón acuático mientras el resto de mortales sin barca se conforman con invadir un trozo de fondamenta a la espera de los fuegos artificiales que volarán sobre el Bacino de San Marco.

La última gran peste será la de 1630 – 1631. La población de nuevo baja en un tercio. Y el gobierno reacciona de la misma manera. Antes de que acabe la peste, se decide consagrar un templo votivo a la Madonna della Salute, como intercesora ante los ojos de la muerte. El resultado no solo supone el edificio barroco más impresionante de Venecia, sino la redefinición de todo el Bacino de San Marcos y la entrada al Gran Canal. Un edificio de planta central octogonal, cuyo autor, Baldassare Longhena, describe como una “corona” para la Virgen. Mientras la estructura de base trae a la cabeza a Palladio (aunque con un juego decorativo más barroco), la cúpula que remata el edificio se presenta como la gran protagonista del edificio, sostenida por unas enormes volutas estructurales llamadas “orecchioni” o, en castellano, “orejones”. El interior, más austero, con el clásico juego veneciano en los pavimentos, se concentra también sobre la culminación de la cúpula, protagonista de nuevo indiscutible. Los altares de los lados se decoran con obras de Tiziano y de Luca Giordano (para nosotros el Lucas Jordán que pintó el techo de la escalera de El Escorial).

Y claro, también como el Redentore, tiene su fiesta conmemorativa particular. El 21 de noviembre. De nuevo, un puente temporal une la iglesia con el otro lado del Cran Canal (de hecho, el puente es una tercera parte del mismo que se usa para el Redentore). Y ésta es la crónica: las misas se suceden durante todo el día, la gente acude con sus cirios para pedir a la Virgen por la salud de sus allegados, se permite la visita de la parte trasera del altar (que da paso a la Sacristía donde no casualmente, entre obras de Tiziano y Tintoretto, se encuentra la Pala de San Marcos con San Sebastián, San Roque y los Santos Sanadores Cosme y Damián), las calles de los alrededores están atestadas, los puestos no paran de vender “fritelle” (una especie de masa frita bañada en azúcar ya de por sí empalagosa, que he tenido el placer de acompañar con Nutella, y más tarde con una manzana de caramelo).

Toda esta reflexión tiene sentido. La peste ha condicionado Venecia. Sus dos grandes fiestas tienen relación con ella. Si su patrón es San Marcos, su patrona es la Madonna della Salute. Una de sus Grandes Escuelas está dedicada al santo sanador de la peste, san Roque. Desde el presente, desde la celebración de plegaria, vela y caramelo, no conviene olvidar el sentido de esta fiesta. Es la fiesta más popular, en la que se celebra la propia salud. Los matices religiosos pueden dejarse a un lado, pero la celebración de la vida es siempre un buen argumento. Sentirnos vivos, cruzar el puente para pasar a formar parte de un rito, de una plegria que no nos atañe aunque nos incluyamos en ella. Son momentos en los que me arrepiento de ser tan ateo...

servido por Santiago 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

neus

neus dijo

Hola mi santi!
Atea o no, me encantan tus explicaciones tus magnificas lecciones de arte y humanidad, espero que sigas otorgandonos el placer de seguir leyendote hasta que termine esta aventura... espero que el edredon te abrigue y no te pongas gordo ( todos me recordais en mi estado de Silvana Mangano en los ultimos meses de mi estancia veneziana) como yo...
mil besitos sin miedos ni temores fundidos o difundidos.

Santi ( que es santo en plural) sin peste ni agobios feliz y contento como nos gustas a tus amigos........

Neus

23 Noviembre 2006 | 05:19 PM

Javi.

Javi. dijo

"Impresionado" es el adjetivo para mi estado tras leer lo ultimo que has escrito. Muy bien, se nota que conoces el terreno que pisas. Una forma que creo excelente de explicar Venecia (la perspectiva historica la verdad es que nos gusta mas que a un tonto cavar zanjas, a los sonados de humanidades), amena y muy enjundiosa. Y me ha gustado especialmente la manera -transversal- en la que te terminas situandote en la narracion (y que lo mismo hasta es su origen); un recurso muy periodistico que me ha recordado a ciertos articulos de Munioz Molina (maledetto computer sassone). Puede que no te guste, pero la comparacion es un cumplido.

Ah, y en cuanto a las fotos, dos comentarios (de buen rollo): en la que apareces tu solo, pareces como recien llegado del Camel Trophy (que barbas, que delgado); y en la de Ivan y tu, veo que te ha dado por arte (muy agudo, yo): la actitud es la de dos putos. Digo angelillos, ya sabes que no es insulto

Muy bien. Continua desasnandome y dandome envidia aqui, en el pais de las chabolas de hormigon.

23 Noviembre 2006 | 08:18 PM

jaime

jaime dijo

quien es ese Javi?, quien eres?

28 Noviembre 2006 | 12:00 PM

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