Festa de Halloween I. La fiesta
Venga, por favor, necesito escribiros para salir del muermo!!!! Miércoles por la mañana, empanadísimo (efectos de la resaca), y las uñas aún pintadas de negro (bonito el contraste con el blanco del ordenador). El debate en mi mente: ¿ayer me lo pasé bien o no? (es difícil calcular con dolor de cabeza).
Martes por la tarde: nos reunimos para hacer la decoración Leticia, una chica que está en una situación parecida a la mía, pues estuvo de Erasmus y ahora está con una Argos de prácticas en la fundación Cini (bueno, más bien está en la situación de Eunate: esos novios venecianos!!), María, el fichaje Erasmus, que hizo de altavoz entre nuestros compatriotas de bandera roja y gualda, y yo. Nada de espectacularidades, no hay demasiado tiempo puesto que había una laurea antes y luego había que irse a cenar y vestirse… La decoración toda artificial, con tiras de calabazas, fantasmitas… ni punto de comparación con la que hicimos hace tres años, no nos subimos por las paredes ni llenamos todo de bolsas de basura (por razones de licencia sentimental y de excusa: por una parte, no quería superar la macro-producción de nuestro Halloween, y por otra… no me apetecía!): chicos, seguimos los primeros en el ranking de la decoración.
Luego a casa que hay prisa, tenemos que ponernos guapos o feos, según el disfraz. Me afeito, me ducho deprisa, ceno unos filetes recalentados y me vuelvo al Carcan. La fiesta debe empezar a las 21, yo llego a las 21.20 y evidentemente no hay nadie. Las alarmas empiezan a sonar cuando llevo una hora allí y nadie aparece. Joder, las diez y media en Italia, después de todo, son como las 0.00 en Madrid, ¿dónde coño está la gente? Yo hecho un amasijo de nervios. Esta fiesta es “MI” fiesta, la he organizado yo, he colgado los carteles, he avisado a la gente y me han abandonado. Mi tendencia a la tragedia me hacía verme como un fracasado, una persona que ha perdido poder de convocatoria (lo que en parte es cierto). Pero poco a poco, la gente comienza a llegar, en pequeños grupos, destacando a Marco (el amigo de Ivan) que llega con una tropa alemana. Helene y las francesas tardan un poco más… Y POR FIN!! Los españoles llegan, tarde e impresentables, como siempre y como todos, con bebida propia (alguna lata de birra) y pidiendo siempre que suban la música.
No es que me haga ilusión el hecho de que hayan llegado, sino que son un huevo, que hacen masa compacta. Luego la vorágine de gente. Arranca el juego del semáforo, preguntando a la gente su disponibilidad sentimental y poniéndole un colorcito según la respuesta ¿El problema? Escribimos una frasecita en todas las tarjetas: en las rojas, cosas tipo “Demasiado para ti”, en las amarillas “Ni contigo ni sin ti” y en las verdes “Te invito a desayunar”. Pero todas las tarjetas tenían frases diferentes, en varios idiomas, y la gente empezaba a meter las zarpas, a ver, a querer elegir la suya, la que más le gustaba, lo que no contribuía al desarrollo veloz del juego, que al final dejamos por imposible porque queríamos vivir un poco la fiesta. El juego quedó en segundo plano, y la verdad es que no sé si sirvió de algo.
La fiesta sigue, yo siempre con mi ron en mano (un pequeño detalle: tengo barra libre, eso explica mi estado esta mañana), hablando con unos, con otros, e incluso tenía momentos de soledad buscada en los que me venía la nostalgia de vosotros, de la fiesta que hicimos, que, por mucha gente que haya y por muy bien que vaya, mi mente la guarda como insuperable.
Pero la noche sigue, no hay tiempo para sentimentalismos. Sobre la 1’30 la gente empieza a levantar el vuelo, y a las 2’00 ya están cerrando. Todos cansados, pues creo que la fiesta ha sido un éxito. Luigino todavía con el sombrero de pirata vikingo, yo con el maquillaje resentido y la pintura de uñas cuarteada, Leticia sentada en una banqueta que no tarda en irse a casa, María que me dice que se va con los españoles no saben dónde. Los demás han desaparecido. Yo estoy muerto, pero no quiero ir a casa. Pongo rumbo a Santa Margherita, quiero encontrar a alguien y si no me voy solo al Round Midnight que hay una fiesta Glam. Por el camino me encuentro con la Francia entera que se dirige a los Billares, y p’allá que vamos. Llegamos y de nuevo los mismos trapicheos para entrar, que si no queremos pagar, que si os hago un descuento por ser grupo… Vamos, entramos tras pagar 2 euros (¿?¿?) y de repente descubro por qué los billares tienen tanto éxito. No porque abran hasta las tantas… sino porque las copas cuestan tres euros!!!!!!! Adiós. Música alta, de la cual recuerdo solamente “Back in black” de AC/DC, la demás ni idea, gente por todas partes… Me agobio y me estresso, y hora y media después me voy a casa, recolectando por el camino todos los carteles de la fiesta del Carcan que encuentro para guardarlos de recuerdo, y haciéndome a mí solo una sesión de fotos.
Llego a casa. Engullo lo primero que encuentro y a la cama, y hasta ahora. El dolor de cabeza ha pasado. Estoy bien, aunque con malestar físico que exige un día tranquilo. Ahora toca una abundante comida, y luego ver una película con manta y siesta. Y luego, tendré que quedar con Leticia, que mañana paso de ir con la uñas pintadas al curro y evidentemente no tengo quita esmalte. Otro de los problemas de no tener una compañera de piso…

Manu dijo
Santi! Que sirva este comentario para tus últimas actualizaciones.
Lo primero, tus poéticos comentarios, algunos de ellos sin sentido, otros demasiado retóricos, son sin embargo necesarios. Hay que escribir, aunque lo escrito nos suene a chino, aunque no estemos contentos con lo escrito. Las inspiración nos viene trabajando, así que hay que empezar. Hay que objetivar lo que sale de nuestra cabeza, compartiéndolo con los demás. Solo así nos creeremos mínimamente lo que expresamos, aunque a unos mismo también el suene retórico. No cejes en el intento. No te sobreesfuerces, pero no cejes.
Bueno, parece que la fies de Halloween salió bien al final no? Ya puedes escribirlo en tu CV. "Promotor de acontecimientos culturales".
Por mi parte, este finde me voy al chalé de Jaime para pegarme fiestón de Halloween también. Cuesta 20 euros, ya puede haber Brugal!!!
Muchos abrazos desde la galería.
M
2 Noviembre 2006 | 12:30 PM