Conquistando Italia
Mientras os preguntáis qué coño es de mí (me queréis demasiado como para no preguntároslo…) yo me he dedicado a recorrer Italia, por caminos bien físicos bien extraterrenos… Ahora mismo parece que, por lo que estudio y sobre todo trabajo, vivo en la Venecia del siglo XVII, y por Dios, que bello el retorno a la realidad cotidiana. Pero necesito manos y motivaciones, y ahí están de nuevo Ivan, Sara, las Francescas, Paquitas o Pacas, Katia, incluso mis padres. Los marcos los más dispares: Padua, Rímini, Pésaro, Vicenza, Urbino… Curiosamente, he descubierto que prefiero hacer cosas nuevas con la gente de siempre que hacer las cosas de siempre con gente nueva.
Muchos sitios y mucha gente… La conquista de Italia está en marcha, y si bien jamás Venecia me pertenecerá, seré yo el que se deje seducir por ella. Durante el primer mes, no obstante, la sentí hostil, me trataba fatal. No era ella, era yo. Es curioso cómo esta ciudad se dedica a hacer de altavoz sentimental, pues todas las sensaciones, todos los sentimientos que aquí se enmarcan tienen una fuerza brutal. Ser feliz aquí significa la más grande de las dichas, ser triste… bueno, significa la desgracia absoluta.
Quería hacer un discurso sobre Venecia desde hace tiempo, pero todo me parece tópico. Todos creemos tener el permiso de hablar de Venecia, de hacerla nuestra, de reflejarnos en ella, de perdernos en ella. El laberinto de calles parece transformarse en una vorágine sin forma que te invade, que te hace reflexionar. Antes creía que estaba solo, que Venecia me maltrataba y abandonaba. Luego descubrí que habla en susurros. Finalmente, me he dado cuenta de que, después de todo, lo que oía eran los ecos de mi mente.
En fin, esa Venecia mágica desapareció, pero mi Venecia mágica no. Imposible permanecer neutro en esta ciudad, bien por todo el mito o literatura que la rodea, bien por los recuerdos acumulados. Siempre diré que aquí he sido la persona más feliz y también más triste del mundo. Siempre hay argumentos para pensarlo, aunque en realidad no pase nada y los problemas sucedan solo en la cabeza. Pero en fin, los sentimientos se sienten, no se piensan. Esta ciudad, poco a poco, me enseña lo egoísta que soy, pero reivindica ese egoísmo, lo canaliza, lo depura, y me hace más fuerte.
Digamos que poco a poco el egoísmo inconsciente se hace consciente, y bueno, creo que eso es conocerse a uno mismo, después de todo. Venecia, en resumen, me dice mucho de lo que yo no quiero decirme. Ya me conocéis, este en el fondo es el discurso de siempre…
Pero no es esto lo que quiero contar. En estos días han pasado cosas importantes, como podéis ver en las fotos, y casi todas lejos de aquí. En especial el reencuentro con Francesca 2. Me pasó con Ivan, me pasa también con Francesca. Es raro verles en su día a día, en su casa, con sus padres, con sus amigos… pero sobre todo, fuera de Madrid. Que Ivan venga a recogerme al aeropuerto con su coche tiene algo de surrealista. Que sea Francesca la que me lleve de marcha por una ciudad que no conozco más.
Pero vayamos por pasos, que han pasado dos semanas. Tranquilos, haré una narración lineal y sin digresiones… En primer lugar tenemos la cena de los cacahuetes, bautizada así por Katia que aprendió esta palabra aquella noche y nos bautizó con ella a Ivan y a mí. Al día siguiente, tras un poco de turismos con Ivan (foto del interior de la enorme iglesia de Santa Giustina que recordarán los Erasmus que fuimos de turismo a Padua hace ya tres años!) y, por la tarde, la fiesta de despedida de Andrea, que se ha ido sin fecha de retorno a España. El Carcan petao, como veis también en las fotos. Empieza así la fase AndreaEunate lejos de Venecia. Espero que todo vaya muy bien, pero si se casan… QUE SEA EN LA SALUTE!
Otra cena con Sara donde probamos todos los recursos de este Mac que ahora tengo entre las manos, y destacaremos la opción Sin City de hacer fotos… genial! Y dos días después… LOS PADRES EN VENECIA! De nuevo, por sexta vez en tres años, y con su hijo como guía, que cada vez está más obsesionado con Venecia y perfecciona cada vez más sus conocimientos de la ciudad (venid y lo comprobaréis). El plato fuerte fue el viaje con ellos a Vicenza siguiendo a Palladio (que ya era hora!).
No tarde en dejar Venecia cuando se fueron mis padres. Me fui, como he dicho, a la Pésaro de Francesca II, reina de Le Marche y de la dolce vita (Ivan está celoso porque no digo estas cosas bonitas de él…), y con ella fui a sus territorios de Urbino y Rímini, siguiendo las huellas del primer Renacimiento, acompañado por un séquito de nubes que nos honró con su molesto llanto. También conquistamos las noches del siglo XXI con un ejército de numerosos secuaces llamados sus amigos. En fin, un buen paréntesis de Venecia…
Y a la vuelta, me despierto con las sirenas del Aqua Alta. Pero tengo que ir a trabajar. Mis mil caras son las de siempre: serias, frívolas, animadas, taciturnas, melancólicas, risueñas, divertidas, borrachas, austeras, cabreadas, dormidas, ensimismadas, vitales, cansadas, seductoras (yo? Qué va!), patéticas, esperanzadas… Esto es divertido en la ciudad del Carnaval (toma tópico!) y del rumor perpetuo, de ese rumor que me habla, que me avisa de cuando cambiar de cara y que me enseña otra vez lo afortunado que soy.
CHE SBORO!

Anna dijo
Hola!
Soy Anna-ahora-a-Barcelona... e abbandono precipitevolissimamente lo spagnolo, troppo mi é piaciuta la leggerezza del tuo stile per zoppicare qui nella tua lingua!
Quello che pensi, che dici, su Venezia mi ha molto colpito (forse perché riverbera, con un gioco di riflessi d'acqua molto veneziani, quello che ne penso io)...riflettevo l'altra sera, fumando una canna sul balcone, che ci sono molti posti dove adesso vorrei andare a passare qualche anno, ma nessuno in cui vorrei tornare tra un viaggio e l'altro. Forse l'unico posto che sceglierei per il ritorno e il quieto rimanere sarebbe proprio venezia...
Grazie di avermi invitato qui e buona fortuna nella tua amata Venezia!
25 Octubre 2006 | 02:17 PM